Marzo en Valencia: cuando todo empieza a florecer

Marzo no es un mes cualquiera en Valencia. Es ruido, color, olor a pólvora y a flores.
Es la ciudad despertando de golpe, pero también el campo cambiando de ritmo sin hacer ruido. Mientras en las calles se levantan monumentos y suenan mascletàs, en los naranjos se empieza a notar que algo está cambiando. Es un mes intenso, lleno de contrastes, en el que tradición y naturaleza conviven de una forma muy nuestra. La ciudad en ebullición.

Durante marzo, Valencia se transforma. 

Las calles se llenan de gente, de música, de fuego y de fiesta. Las Fallas no se explican, se viven. Cada barrio tiene su historia, su monumento y su forma de celebrar, pero todos comparten el mismo ambiente: el
de una ciudad que se entrega por completo.
Las flores inundan las plazas, los trajes tradicionales vuelven a salir a la calle y el olor a pólvora se convierte en parte del día a día. Todo es movimiento, emoción y tradición.

El campo sigue su propio ritmo.

Mientras tanto, a pocos kilómetros del centro, el campo vive marzo de otra manera.
No hay ruido ni prisas, pero sí señales claras de cambio. Los días son más largos, las temperaturas más suaves y los árboles empiezan a prepararse para una nueva etapa.
Es un momento de transición. El invierno se despide poco a poco y la primavera asoma sin hacer demasiado ruido. En los naranjos, se nota en la luz, en el color y en el ambiente.

Dos mundos que se entienden.

Lo bonito de marzo en Valencia es que estos dos mundos no compiten, se complementan. La fiesta y el campo forman parte de la misma identidad. La ciudad celebra mientras la tierra descansa y se prepara para lo que viene.
Esta convivencia es algo muy nuestro. Forma parte de una manera de entender el tiempo, las tradiciones y el territorio. Nada va separado: la cultura, la agricultura y la vida cotidiana se entrelazan sin esfuerzo.

Un mes que se vive con los cinco sentidos

Marzo se escucha en las mascletàs, se ve en las flores, se huele en la pólvora y se siente en el ambiente. Pero también se percibe en los pequeños detalles: en los paseos al sol, en las sobremesas más largas y en la sensación de que algo nuevo está a punto de empezar.
Es un mes que no pasa desapercibido. Se vive intensamente, tanto en la ciudad como en el campo.
Tradición, territorio y forma de ser.
Hablar de marzo en Valencia es hablar de raíces. De tradiciones que se mantienen vivas, de una tierra que marca el ritmo y de una forma de vivir muy ligada al calendario natural.
Es un mes que representa lo que somos: pasión, trabajo, celebración y respeto por la tierra.

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